María del Carmen G. paseaba por una calle de Huércal de Almería cuando, al llegar a un paso de peatones se dispuso a cruzarlo. Justo en mitad del citado paso detectó que un vehículo se acercaba a cierta velocidad y decidió acelerar el ritmo para alcanzar cuanto antes la acera contraria y evitar, así, el peligro. Pero la mala fortuna se cebó con ella ya que, al llegar al otro lado de la calle pisó la acera que se encontraba levantada y con un agujero que no estaba tapado ni vallado y que no consiguió detectar. Este cúmulo de circunstancias provocó que cayera al suelo partiéndose la pierna.Todo ocurrió en 2005 y, después de un largo proceso judicial que ha durado algo más de cinco años, la justicia se ha pronunciado. María del Carmen conoció, al leer la sentencia, que la responsabilidad de su caída no fue el mal estado de la vía pública ni que la acera estuviera levantada ni que el vehículo en cuestión fuera a demasiada velocidad. La única culpable de lo sucedido fue ella misma porque, como señalaba el juzgador, no prestó la diligencia debida al cruzar por el paso de peatones ya que, al mirar en algún momento al coche que se acercaba a ella pudo perder de vista la acera de destino y, por tanto, no pudo apreciar el peligro existente. Añadió que, si en lugar de estar la acera levantada hubiera habido una farola o un semáforo, la mujer habría caído del mismo modo al suelo.
La Administración fue eximida de responsabilidad pese a que la vía pública no se encontraba en buen estado ni había advertencia alguna al respecto.
María del Carmen, ya recuperada pero con alguna secuela provocada por el aparatoso accidente, aún no sale de su asombro al conocer que ella y sólo ella fue la responsable de aquel triste episodio y sus curiosas consecuencias y admite que, «no se qué dirá la ley, pero sí lo que dicta el sentido común».
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